De La piel de Inesa
(Lengua de Trapo, Madrid 1999):


«Preciosa y descorazonadora su elaborada narración oculta bajo los pacientes recovecos del discurso a un sinfín de protagonistas […] Gracias a esta historia de tuétanos y meandros del joven escritor cubano ha emergido un estilista agudo y sutil, hábil para sembrar la superficie de su obra con insoslayables cargas de profundidad y tan sensible a la decadencia del presente como al pasado de una tradición barroca que enlaza directamente con Lezama. Menéndez ha labrado un minucioso tesoro de artesano que aprovecha el aprendizaje sexual para recrear el desmoronamiento de un entorno social»
(Ricard Ruiz, La Razón).


«En La piel de Inesa, su primera obra de largo aliento, encontramos algunas de las constantes de Menéndez y, sobre todo, la confirmación de aquellas promesas. De nuevo Cuba, la Cuba real y contemporánea. De nuevo el hambre como tema recurrente, en esta ocasión magnificada en escenas […] y de nuevo un ramillete de personajes de contornos claramente definidos.
En La piel de Inesa se han juntado palabras cargadas de oficio y cebada ambición. Esto no pasa todos los días: no la dejen escapar»
(Care Santos, El Cultural, El Mundo).

«Menéndez ha escrito una novela digna
de estima. La historia contada, la iniciación sexual de un mocito de doce años en una Cuba empobrecida, sugerida más que perfilada, atrae nuestra atención, al tiempo que la sensibilidad autorial y un instrumento verbal de primer orden la elevan a la altura del goce literario […] Todo ello relatado con una fuerza y riqueza verbal que barniza la realidad con una preciosa capa de palabras, mediante la que el escritor intenta extraer la luminosidad de la historia»
(Germán Gullón, ABC).

«En contra de la referencia que la propia editorial del premio ofrece en la contraportada y de ciertas reseñas volanderas, hay que decir que nos hallamos ante una obra que supera con creces la condición de novela erótica [...] El protagonista de la novela de Menéndez es un niño abocado a la condición de símbolo, por mucho que la expresión pueda parecer rebuscada o pretenciosa […] La iniciación en el amor es solo una vertiente de la compleja relación de sus personajes y sus obsesiones. Todo un conjunto de recursos teóricos que dotan a la obra de una excelente condición simbólica. En su novela abundan referencias, connotaciones y símbolos manejados con una sorprendente maestría estilística»
(Nicolás Miñambres, Diario de León).


«La piel de Inesa es una novela en la que se consolidan las virtudes narrativas de su autor, ya patentes en anteriores trabajos. Entre estas bondades de su lenguaje se encuentra una enorme versatilidad técnica, la capacidad para llenar el lenguaje de poesía y de sentido y el hallazgo de unos temas que conducen irremediablemente a los principales conflictos del ser humano» (La gaceta de Canarias).

«Con un tema siempre difícil por no decir que rehuido por los periodistas, escritores y novelistas —el descubrimiento de la sexualidad por un niño de doce años a través de las relaciones con la madre de una amiga— Ronaldo Menéndez escribe una novela cargada de simbolismo y de poesía a ras de piel. Ronaldo, cubano de La Habana, domina y domeña un lenguaje explosivo, sensual y de rara precisión, contándonos, con aristas vagas como la mente de un niño en que todo es sorpresivo e indefinido, esta bella y difícil historia» (Guía del Ocio).

«La piel de Inesa es, en fin, una novela ambiciosa tanto en los contenidos como en la forma de desarrollarlos. En ella asistimos a la creación de un mundo verosímil en el que fluye la vida de personajes idealistas y derrotados y se recrean espacios utópicos y míseros; no por ello la historia cede a la frivolización de los extremos, sino que se mantiene entre ellos con absoluta sobriedad. Pese a moverse en terreno tan escurridizo, Ronaldo Menéndez sale bien parado, lo cual es también, por qué no decirlo, una muestra de talento» (Israel Prado).