De Las bestias (Lengua de Trapo, Madrid 2006):

«La novela es vertiginosa, la prosa de Ronaldo Menéndez, de una eficacia que hace recordar a los grandes maestros americanos del género negro. Ritmo taquicárdico, se dice en la contra de la novela: es verdad. La novela alcanza velocidad supersónica y se dirige hacia un final catastrófico, no sin antes plantear, como al paso, algunas reflexiones imponentes acerca del propio sentido de la ficción» (Juan Bonilla, El Mundo).

«Su temática (a diferencia de tantos autores que viven fuera de la isla) no es Cuba ni lo cubano, sino el ser humano, con sus contradicciones y sus obsesiones, la vida, la muerte, la memoria... Por ello sus obras tienden a superar el realismo e ir hacia lo simbólico y a una cierta metafísica» (José María Plaza, Revista Leer).

«El humor de Ronaldo Menéndez no deja mancha, acaba con el drama de las escenas más crueles y cubre a los personajes con una capa de absurdo de lo más real [...] Se mantiene fiel al desdén por el mensaje y al argumento alegórico, pero incluye juegos con las voces que manejan el relato, los saltos temporales y los secretos que avivan la historia hasta el último momento.
Es un maestro del destape» (Peio Hernández, Calle 20).

«Estructurada bajo un complejo entramado que incluye diversos puntos de vista, súbitos cambios de registro, variaciones temporales y polifonía textual, Las Bestias logra mantener hasta su desenlace el misterio que subyace a toda la trama al unir, en un final tan inesperado como brillante, todas las piezas disgregadas hasta entonces en el rompecabezas narrativo que conforma la novela. Brutal y llena de humor negro, con ecos que van desde el existencialismo francés hasta la Trilogía de Nueva York de Paul Auster pasando por la estética descarnada y violenta de cineastas como Quentin Tarantino, la novela logra conjugar así una intriga que termina por volverse inquietante y perversa con una compleja meditación de dimensiones universales» (Javier Sánchez Zapatero, Tribuna de Salamanca).

«La novela de Ronaldo Menéndez es un excelente y divertido ejemplo de un realismo fantástico que busca, en la deliberada alteración esperpéntica de la realidad, revelar el conflicto de una realidad enajenada. Menéndez desarrolla una vertiginosa trama, entre lo kafkiano, un surrealismo que recuerda a De dónde son las cantantes de Severo Sarduy y una especie de logrado cartoon verbal, que ahonda en la vida en el umbral de la criminalidad, en el racismo y en la supervivencia estrafalaria y desorientada» (Guillermo Busutil, La Opinión de Málaga).

«Sus historias lejos de someterse a los dictados de la mera nostalgia o la reivindicación política (o políticamente correcta), recurre al extraño cotidiano y a una puesta en escena que tiene mucho de cinematográfico» (Revista Quimera).

«La perfección de la técnica narrativa y el diálogo son, para sus relatos y sus novelas un yacimiento para el verdadero mérito de Menéndez: su inagotable agudeza» (Notodo.com).

«Es destacable, de forma especial, el juego de las versiones múltiples que se da a lo largo de la historia, la construcción de la novela barajando el guión de forma sorpresiva y el perfil con el que el autor viste a los personajes. Su prosa es directa, los diálogos están insertados en la narración dotando de continuidad a la narración. Su escritura es humorística, metafísica, violenta muchas veces, en beneficio de la historia en todo momento. Sin duda, esta novela que edita Lengua de Trapo reafirma a Ronaldo Menéndez como uno de los mejores escritores de su generación» (Iván Humanes Bespín, literaturas.com).

«Dueño de una prosa eficaz que se desenvuelve con enorme soltura, Ronaldo Menéndez demuestra su pericia narrativa sobre todo en el manejo de la estructura, de la construcción de la trama en secuencias cortas y ágiles, organizadas con la técnica del montaje cinematográfico y con una precisión que revela que el autor controla la historia al milímetro, incluso para guardarse en la manga el as de la sorpresa final» (Santos Domínguez, Revista Encuentros. De lecturas y lectores).

«Menéndez consigue una tensión creciente, un tempo narrativo subyugador --heredero del mejor cine negro norteamericano-- y conduce al lector, enfrascado en el turbador mundo que se le presenta, hasta el final de la novela […] Nada falta, nada sobra, los elementos van apareciendo de un modo graduado, certero, y en cada una de las secuencias de la novela ha sabido escoger lo fundamental y desechar lo superfluo para mantener al lector pegado al libro» (Antonio Jiménez Morato, blog Vivir del cuento).

«Menéndez demuestra tener un amplio oficio, manejar con soltura registros y puntos de vista, y construye la novela como una partida de dados, superponiendo un conjunto de textos [...] Lo más interesante del ejercicio está en e juego de espejos, en el descenso imparable de la trama hacia la degradación moral, y en la ambivalencia de los símbolos puestos sobre el tablero» (Clone Magazine)

«Brutal y llena de humor negro, con ecos que van desde el existencialismo francés hasta la Trilogía de Nueva York de Paul Auster pasando por la estética descarnada y violenta de cineastas como Quentin Tarantino, la novela logra conjugar así una intriga que termina por volverse inquietante y perversa con una compleja meditación de dimensiones universales» (Javier Sánchez Zapatero, revista Europolar).

«Una trama mínima pero capaz de incorporar, a través de un ejercicio del relato tan concentrado como directo, todo un universo del embrutecimiento mucho más elocuente que cualquier enumeración de desolada circunstancia. A esa austeridad de la historia, de lo que se cuenta, la acompaña una prosa sin meandros, donde el juego con la repetición de algunas frases, la incorporación del diálogo y una sintaxis de ejemplar economía expresiva resultan en un ritmo narrativo rapidísimo, en el que cada cosa lleva a la otra y todas se leen como las escenas de una pesadilla o una película sin pausas, con muy pocos personajes y acción trepidante.
Las bestias es una de esas novelas descarnadamente perfectas donde el acoplamiento entre lo que se cuenta y la estructura de lo contado no deja lugar a ninguna ingenuidad, a ninguna fisura, a consuelo alguno» (Waldo Pérez Cino, Revista Encuentros).

«La combinación de diferentes niveles expresivos, las alusiones intercaladas, los neologísmos léxicos, los párrafos concisos y cortantes son parte del amasijo expresivo del autor de Las bestias, dotado de una inteligencia e inventiva idiomática poco comunes. Se lee con más de una sonrisa cómplice y retozona, con cierta perversidad, sin inocencia alguna» (Luis Alonso Girgado, Diario de Ferrol).